Yo soy la resurreccion y la vida

VIVAMOS COMO RESUCITADOS

Vivamos como resucitados

No hemos vivido una Pascua mas, un tiempo litúrgico mas. La Pascua es el paso del Señor por mi vida, por nuestra vida, y nos hace personas nuevas porque ha derramado sobre cada uno de nosotros su amor. Es la Palabra de vida, que ha recorrido Galilea. Es la Palabra hecha carne, dolor, sufrimiento, por mi. Es la Palabra que se entrega, porque me ama al extremo. Es la Palabra de la Vida, que existía desde el principio.

La Palabra Viva marca esta nueva etapa. El Resucitado sale a tu encuentro, se acerca a tu realidad, a nuestra cotidianidad, como lo hizo con Tomás, con los discípulos de Emaús, y como ellos exclamamos, «Señor mío y Dios mío». Sabemos como ardía nuestro corazón cuando exclamamos: ¡Quédate con nosotros!

El fundamento de nuestra fe es el Resucitado

Conocerle es experiencia de vida eterna. En el diálogo tú a tú es donde crece la fe, la adhesión a alguien. Es el silencio que escucha, que se sienta a los pies del maestro y que experimenta
«conocerte a ti y el poder de tu resurrección», eso es la vida eterna. Si queremos mantener lo fundamental de nuestra propia identidad se nos invita a ir al fondo de las cosas. Necesitamos estar en contacto con la fuente, que sacia la sed interior y de donde brotan ríos de agua viva. Donde se fortalece el hombre interior (Cf. Ef. 3, 16). Nos dará una nueva manera de ser, de estar y de hacer en esta vida. La fe lo ilumina todo con una nueva luz, dando un nuevo sentido a la vida, donde el Señor va ocupando su espacio en nosotros. Haciéndonos vivir como hijos de Dios.

En esta nueva etapa somos invitados a proclamar, como dice Pablo, la afirmación fundamental de nuestra proclamación apostólica:

El Misterio Pascual de que Cristo «ha Muerto y ha Resucitado»

Es el Resucitado nuestra Buena noticia

Palabra Viva del Evangelio que es recibida, transmitida, conservada, anunciada, proclamada, como objeto de nuestra fe y primicia de Salvación, que descansa en testimonios seguros que nos convierten en profetas de Esperanza. Hombres que apuntan hacia adelante, hacia el futuro, trabajando por transformar la realidad, sin miedo al amor, ni a amar. No será fácil, sobran razones para el desencanto, y es que levantamos la vista y encontramos, guerras, desigualdades, desencanto político, social, pero como personas de esperanza miremos al Maestro cara a cara, para ver cada situación con luz, con la mirada alentadora de Dios. Hemos sido engendrados con una esperanza viva, mediante la resurrección de Cristo. «Sed alegres en la esperanza, firmes en la tribulación y perseverantes en la oración» (Cf. Rm 12, 12) Abiertos al diálogo con el mundo, se abren nuevas perspectivas de renovación, con un corazón agradecido al Dios hecho Palabra que nos libera.

Es el resucitado modelo de santidad

Hombres, mujeres, familias que descubren que el Resucitado es modelo de santidad, puesto que personas mediocres, limitadas, pobres se abren a formas nuevas de existencia. Son agraciadas con una Vida Eterna (Cf. Rm 6, 3-11) Toda la vida sencilla y cotidiana se ilumina desde la vida resucitada. Ser santos viene a ser, a vivir en un estado de continua resurrección, donde el Resucitado es nuestra Buena Noticia (Cf. Hch 2, 14-36) puesto que desde El podemos resucitar la bondad, la solidaridad, el amor. Vivir amando es vivir mas allá de la muerte. Colocar en lo cotidiano el Amor del Resucitado.

Y quien vive así, con fe, con esperanza y amor, reconoce al Resucitado

El resucitado es nuestra paz (Cf. Jn 14, 27-28)

Y es que el hombre nuevo da como fruto la paz. La paz del Resucitado debería ser el signo distintivo del creyente, fruto de la vida entregada. De este modo, vivir en estado de resurrección nos va conformando con el Resucitado desde una convicción radical, que se plasma en el día a día, identificándonos en el gozo del Cristo Glorioso. Supone la posibilidad de vivir en la voluntad de Dios como cristianos.

Esta es la FUERZA DEL RESUCITADO «hombres nuevos creadores de la historia, constructores de nueva humanidad, hombres libres sin frenos ni barreras, por encima de raza y lugar» estamos todos llamados a cooperar en el proyecto de Dios.

¡Feliz Pascua de Resurrección! Que en este año 2015 en que el papa Francisco ha convocado el jubileo extraordinario de la Misericordia, descubramos en la vida y en nuestra historia a Dios, al Dios de la misericordia, discerniendo tantos episodios de ambigüedad, de confusión, de ambición que manipula la palabra. Que seamos desde el corazón de Dios, personas nuevas de un amor al extremo, siendo testimonio de misericordia. Constructores de nueva humanidad, que siguen el camino del Resucitado, dejándose envolver por el Fiat de María, por su Hágase.

Ch. Dos Reis